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Manual de supervivencia para la vuelta al cole

In Elmundo.es, Notas de Prensa, Prensa Nacional by ACENE0 Comments

Los pasillos de los colegios, que llevan vacíos desde finales de junio, tienen los días de calma contados. Vuelven los libros, las actividades y los amigos. Septiembre no solo termina con las vacaciones de los niños, sino que viene acompañado de nuevos horarios y rutinas que afectan a toda la familia. ¿Cómo afrontar esta vuelta a la escuela?

Motivarles a volver

El primer día de colegio es “para los niños un día de sentimientos encontrados”, afirma Javier García director del Centro de Atención a la Infancia y la Adolescencia. “Por un lado, la alegría de volver a ver a los amigos a quienes contar todo lo sucedido en las vacaciones y, por otra parte, el verse otra vez más sumergido en un mundo lleno de normas y ataduras después de una plena libertad“. Aunque para la mayoría de los niños no suele haber problema, lo mejor es pintarles la escuela como algo divertido donde van a ir a aprender y a jugar. Explicarles los cambios, que habrá nuevos profesores y compañeros, “simplemente, los niños tienen que adaptarse a la nueva situación después de casi 3 meses de vacaciones. Además, su capacidad de adaptación es mucho mayor que la de cualquier adulto“. Lo fundamental es tener una buena actitud hacia las clases y la vuelta a la rutina. “Hay que resaltar siempre la parte positiva y no la negativa, la frase ‘A mi tampoco me gusta ir a trabajar’ no es útil en estos casos“, afirma la psicóloga infantil Irene Hidalgo.

Hay que quitarle importancia a las rabietas

Si no quieren ir a clase por alguna razón de poco peso lo principal es no entrar en su juego, pues pueden usar todo tipo de chantajes para salirse con la suya. “No hay que dejarse llevar por sus quejas, pero tampoco quitarles importancia. En ocasiones puede haber algo más de fondo, como bullying, falta de habilidades sociales, no entendimiento con los profesores o problemas de adaptación con el centro”, afirma Hidalgo. Sobre todo en las etapas de guardería y preescolar los padres deben armarse de paciencia. Hay que intentar que la despedida sea lo más rápida posible, “que nos vean felices, fuertes, sin pena por dejarlos allí. Si el niño se pone a llorar no hay que quedarse hasta que se tranquilice. Si nos quedamos le haremos la despedida aún más larga y estresante”.

Implicarles en la rutina

Para facilitarles el cambio, los días previos al inicio de la escuela es aconsejable comenzar con las rutinas, como si hubieran empezado ya las clases, para que no sea un cambio muy brusco, y decirles el día exacto que empiezan el colegiopara que no les coja por sorpresa. Una buena táctica, según Hidalgo, es dejarle con gente que no forma parte del núcleo familiar unos días antes, para que se vaya adaptando a no estar entre su círculo de confianza. Otra forma de implicarles en el proceso es la de hacer planes relacionados con la escuela, “ir a comprar material escolar, quedar con amigos de la escuela o incluso hacer una quedada de mamás y papás“.

Horarios y normas acordadas

Normalmente los adolescentes y los niños más pequeños, hasta los 5 años, son los que más les cuesta volver. La separación de sus padres es más difícil en esas edades, pero según se van haciendo mayores entienden la situación y se lo toman de otra manera, ven la parte positiva de volver a ver a sus amigos. El psicólogo García aconseja que, para empezar hay que poner unas normas claras que se puedan cumplir y hacerles partícipes de ellas. “No significa que ellos decidan, porque las normas las ponemos nosotros y eso tiene que quedar muy claro. Pero así conseguimos que no lo vean como una imposición”, aclara Javier. Lo que entendemos como normas son horarios y rutinas básicas: hora de levantarse, del desayuno, ir al colegio, comida, tiempo de deberes, cena y hora de acostarse. A partir de ahí, cada niño y familia es un mundo. Lo que sí hay que hay que tener claro es que tanto padres como niños, abuelos o cuidadores deben respetar esas rutinas acordadas. Es mejor introducirlas poco a poco, “hay que adaptar la alimentación y el sueño alrededor de dos semanas antes, adelantar la hora de la cena y de acostarse, con mucha ilusión sobre todo”, afirma Hidalgo.

Menos deberes y más aburrimiento

No es nada aconsejable cargar a los niños en casa con excesivos deberes y actividades extraescolares. Deben tener tiempo libre para jugar y aburrirse, para que puedan desarrollar la imaginación. Según la OCDE, emplear más de cuatro horas a la semana en hacer tareas escolares es claramente ineficaz y no tiene frutos positivos en los resultados finales. Para García, “lo ideal es que lleguen a casa, hagan los deberes y puedan hacer alguna actividad que les motive. Pero no pretendan hacer de los niños pequeños adultos con horarios mayores que los nuestros”. Lo recomendable, añade Hidalgo, es tener una o dos por semana, que ocupen dos o tres tardes como mucho. Las actividades lúdicas con un eje físico, como el baile o el baloncesto, son buenas para aprender a trabajar en equipo y mejoran la tolerancia y la frustración. Por otro lado, las actividades creativas, como teatro o pintura, fomentan su creatividad y les ayudan a expresarse. Lo fundamental es que “se elijan las actividades por la motivación del niño, no de los padres“.

Lo mismo en cuanto a las clases y academias extraescolares. En la rutina de tareas la mayoría de los niños no necesitan ayuda externa con sus deberes en un principio, excepto en casos de niños con problemas específicos. Es fundamental que el niño se implique si asiste a clases de apoyo, si va obligado no le va a servir. En caso de que no crea necesitar ayuda, es mejor que aprenda de forma autónoma en casa. Sino “a veces es peor, porque ponemos la academia como castigo“, afirma Isabel Hidalgo, “lo fundamental es que el profesor les explique, que les enseñe a razonar y que no le haga sólo los deberes”.

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